Las mareas de recuerdos
arrastran mis refugios clandestinos.
Marcas de pájaro herido
que vuela en círculos
esperando la irremediable
llegada
de los cuervos.
La muerte tiene alas
y es hermosa.
El pájaro se contrae
al sentir
los picos afilados
y por primera vez
tiene miedo.
Despierta a los pies
de un triste niño,
que sufre arrancándole las plumas.
Él también es un cuervo;
el cuervo que llora
y devora sus entrañas.
El cuervo tiene otro sitio donde comer,
el pájaro escapa,
o cree escapar
en su moribundo desconsuelo.
Seres de canciones tristes,
moribundas sonatas de despedida
lo rodean.
Las alas rotas
alguna vez ganaron altura,
y ahora son pastos o flores,
alimento putrefacto de gusanos
y animales salvajes.
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