Me salvo de la muerte,
de mi falta de entrañas con las cuales
abrazarme a la tierra
y danzar mi danza negra.
Me salvo de mi ausencia,
de los días que pasan colmados de lujurias sombrías,
de flores ausentes en tierras heladas,
tiritantes.
Me salvo de tu nombre tachando mi nombre,
de tu cuerpo aplastante
de Dios monstruo.
Amar con fuego eterno,
vuelve a las maderas cenizas,
y a las almas sombras...
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