La íntima luz,
cargada con los vestigios
nocturnos de una sonrisa
encuentra al fin reflejo
en mi cuerpo.
Veneno de musas he de llamarte,
mi dulce pena maldita
que invade el alma,
revelando en un susurro
una triste certeza
sepultada en el rincón promiscuo entre tu cuerpo y el mío.
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