Despiadadas bestias
hijas del desvelo.
Bastardas,
fuegos fatuos,
señoras del desconsuelo;
destrocen la piel que me cubre,
consuman con su fuego:
cada aspecto de mi vida,
cada rasgo,
cada sueño.
Retornaré
cuando su sed en mi se vea saciada;
y forjada en su fuego
podré llamarlas hermanas
y saborear su celo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario