Oteando el horizonte con ojos ciegos
explora la brisa oracular
las profundas huellas del desencuentro.
La melena viva,
el eterno vaiven del océano
y el olor a sal
vuelven al recuerdo;
puedo revivir su memoria
sin siquiera rozar su superficie
puedo desfigurar grotezcamente aquella imagen,
intentar recrearla como un niño perdido
que vuelve sobre sus pasos,
llorar su textura,
incluso puedo, en lo profundo del sueño
atisbar su perfil.
En el fondo de la noche
veo la luz de la luna
Mis ojos se abren
con la cansina fuerza
de quién sabe
que nunca volverá a cerrarlos.
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