Desconcierta la brutalidad que nos viste,
se aprieta a los órganos vitales,
asfixia en su espasmo de : "sálvese quién pueda"
Y tu ropa cayéndose te quita cruces;
tan pesadas y que cargaste
en lo profundo del pecho
y la confusión.
"Si fueras uno conmigo", me decís,
primigenia;
"podría amar el desvelo que me mantiene viva".
Ya todo es abrazo,
visceral,
necesario,
de todo lo que me habita
a lo inmensamente bella
que sos para mí.
Áspero y cálido, mi querida Tora-Neko-Chwan, como las alas de mi estrella.
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