Disparo la mente
a lo profundo
de un refugio,
cuyas
anatomías y rostros extintos
evocan retazos idénticos
de sueños igualmente cautelosos,
cohibidos.
Y al igual que yo,
instalándose en lo anónimo del silencio
las flores nacen tímidamente
y se entreabren a la poesía tibia del movimiento.
No hay comentarios:
Publicar un comentario