12 sept 2013

Cantos de destierro

Paños tibios sobre la frente agitada.

Un temblor de rosario le deja oír
a su infante perdido años atrás,
que sostiene y llora a Cristo
entre los capullos de sus palmas,
que la piadosa muerte acunó hasta dormir.

La moribunda recuerda en el ocaso de un invierno lejano:
Sus mejillas le vuelven cargadas del frío rumor del ayer.
Sus labios pierden palabras
que antes fueron suyas.
¡Realmente suyas!
hallando
los enlutados brazos
de la cortesana que a todos hubo besado.
Su voz voraz se hace oír:
- Te besaré la esencia,
obsequiándote el cielo.
Me amarás como un ciego, como un niño, como se ama al primer amor y más.
Y morirás porque mis labios repetirán ese beso a otros labios
y más nunca en los tuyos.
Y esos labios morirán por mí, a su vez. .-
Una lágrima derrama la muerte,
una lágrima de quién no cree su mentira...


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