Amargos laberintos se tienden a tus pies dulce niña,
pero me encargaré de que reconoscas la salida.
Incluso podrías ver su triste encanto,
si tu alma no se perdiese en ellos.
Al recorrer estrechos pasillos,
amplios corredores abandonados,
extraños paisajes colmados de texturas nunca exploradas,
tengo fe en que descubrirás a mis desojados pétalos al costado del camino,
que nunca lograron salir de este frío sitio
por falta de un conocimiento que hoy he obtenido,
pero que me ha costado secar mis pobres raíces, sin reparar en el daño, hasta matarlas.
Por un momento, triste y desojado en cada pétalo,
seré rosa en tus manos,
y teñirás mi solitaria blancura de un pulcro carmesí.
Marcaré para ti con una sutil caricia el camino que te aleje de mi,
y haré todo nuevo para tus ojos maravillados,
todo nuevo para tus tibias manos,
todo nuevo y precioso.
Y si cubriera de un tibio rocío el camino,
no repares en mis lágrimas.
Mi felicidad estaría a salvo,
con tu dulzura lejos de este sitio...
No hay comentarios:
Publicar un comentario