Un altar olvidado al margen del cielo imprime su blancura en mis pupilas, como un cuadro viejo ante una luz renovada y fría.
Buscando adentrarme con temeraria cautela en aquella poción de tierra sagrada, huellas profundas se graban en mis sentidos con aire mágico y solemne.
Tu mano tibia me toma por sopresa, interrumpiendo mi solitaria introspección, y una imprecisa sensación invade el recinto.
Contemplo tu mirada, que indaga profunda, buscando en vano decifrar mi temple, y una fría nostalga me congela...
Me dejo elevar en tus brazos, en tus mimos, sondeando mi tristeza en nombre de los dos, y una vez más me entrego a nuestro mudo ritual.
Y una vez más...
Me pierdo, encontrándote.
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