11 abr 2016

Letanías II

No quiero flores en mi tumba
ni en mi lecho.
Por otra parte,
tu desnudez no solicitó adornos
y fue mi miel de cada día
el explorar mil maneras de desatar
un temblor sin orillas a las cuales asirte,
y verte luchar en vano para luego abrazar el milagro.

La pérdida es infinita, ahora que el frío te cubre y la tierra te calienta
envidio a ambos, y ambos me uno.

D.C


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