18 may 2026

Herencia

-Hija, volví a transpirarme ¿me cambiás? - La voz rota de su madre a los pies de la cama despertaba a María a su ausencia. Los ojos llenos de lágrimas, el cuerpo tenso tras la sensación de urgencia. Los peores días el sueño se extendía y llegaba a responderle con una honestidad que rondaba la crueldad, que ese frío húmedo la acompañaría siempre ahora que el cáncer había ganado; y la oía gimotear entre toses largo rato sin poder tocar su cuerpo para abrazarla o asistirla. Teresa había fallecido tres semanas antes, luego de dos largos años de lúcida agonía. De ella misma conservaba el amor por la ropa, que entre bocanada y bocanada de oxígeno iba eligiendo junto a su nieta para afrontar la internación de la cual no volvería. Finalmente se fue apagando, no sin una tenaz reticencia por su parte, en la piedad infinita de sus médicos que buscaban desgastar el cansado corazón para darle reposo a su cuerpo. María a los pies de su cama, lloraba su pérdida, pero la madre daba un paso atrás de su coma inducido, saludaba a su hija y llamaba a sus nietas a las cuales les decía que estaba mejor; que pronto volvería. Cuando finalmente se fue, volvió. Cada noche, a los pies de la cama de su hija le pedía lo mismo, y la angustia sobrevenía. -Mamá… no puedo alcanzarte. Te amo mamá. -

No hay comentarios:

Publicar un comentario