17 may 2026

Su voluntad

El ceremonial se celebraría esa noche, bajo el humo ocre de las antorchas. El signo se había dibujado inequívoco, augurando el testimonio del profeta. La gente se agolpaba para besar la huella del primer ser restaurado por el Doliente. Desde el púlpito elevado de la inmensa catedral el joven sacerdote hablaba, y su voz meliflua llenaba el recinto: -La primera vez que lo vi, fue a mis siete años. Yo era, por entonces, un ladronzuelo y había robado a la persona equivocada. - El predicador, tomó aliento con la expresión alucinada, el templo rezumaba la muda expectativa de sus mutilados acólitos. Prosiguió: - Lo seguí a un lugar atestado, a orillas de la Brecha, parecía estar observándola con fascinación y se había colocado un purificador, como acostumbraban los extranjeros que podían permitírselo. Excitado por esta nueva promesa de riqueza, me acerqué entre la multitud e introduje la mano en su bolsillo abultado. Todo ocurrió muy rápido... Sentí un piquete en la punta de mi dedo y una bruma burbujeante me cubrió los ojos. Me despertó el dolor, un dolor punzante en las entrañas. Tenía el rostro pegado al encharcado suelo, el desgarbado muchacho me apresaba con dedos de hierro mientras usaba mi cuerpo. Los gritos solo intensificaron su gozo pero también lo llamaron; al borde de la inconciencia, logré vislumbrarlo. Su masa de hueso expuesto y cartílago sanguinolento se extendió desde el desagüe a la pierna de mi torturador, arrancando al monstruo de su terrible abrazo y arrastrándolo al corazón del Abismo. - La congregación se prosternó en fanática adoración. El profeta continuó: - Algunos creen que la tierra agonizante empezó a devolvernos los monstruos que depositamos en ella a través de los años, que merecemos nuestro destino. - Yo creo que el Doliente toma lo que debe y se alimenta de la inmundicia. Nuestros antepasados quisieron huir de la sagrada responsabilidad. Nosotros abrazamos su voluntad.- El profeta, sentía la vibración de las pisadas enardecidas, la vibración hacía eco en su pecho y en la reptante criatura que había horadado el altar abriéndose paso hasta el templo.

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