28 oct 2010

La voz distante llama,
aunque nadie pueda oír;
aunque nadie pueda haber...



Transparente y profunda ahoga,
separando tenuemente
(sin quebrar en sustancia)
genuinos placeres;
susurros que ante todo,
resisten la impetuosa
necesidad de ser acallados
en el amplio y perpetuo silencio
de las esferas celestes.



La voz como eco del alma
conoce de pesares
más reales que ilusorios.



Tantas veces calla;
que el grito quebrado
succiona la carencia,
convirtiéndola en falta...



La voz se cansa
de ser inútil,
mera portadora de no-calma;
incluso, quizás
de exceso de alma.



Muy en el fondo,
de tan opaca
ha de temer
el extraño retorno
del alba.

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