Lujuria vespertina;
máscara sensual que
conquista los sueños.
Desgarradora certeza;
pues nada importa en verdad
hasta que el sol se ponga
y vuelva a ser manos que escriben
sus búsquedas, sus desgarros
y néctares demoniacos...
Conozco el rostro tras la máscara,
al otro lado del espejo;
ese mismo que mira aflijido
los desgastes del camino
cuando desnuda su sonrisa para mi.
Lo observo
desgarradoramente inalterable,
y soy noche y silencio...
Este es mi arte defectuoso,
siempre este y no otro,
mi verdadero obsequio.
vive por mi, ana
ResponderEliminarque yo partiré alguna vez
desde mis pies de atril
Pablo, indivisible amigo,
ResponderEliminaramigo pasiones,
se te extrañaba.
Gracias por el abrazo de hoy,
y por la preocupación sabé disculpar.
Espero nos veamos pronto.
Tu escritura la sigo y cuenta cosas que tu boca-no-expresividad/ausencia no. Espero hablemos pronto.
Que estés bien, y desde ya, gracias por leer.