El arte desarticulado en incontables puntos suspensivos,
el deseo imperante, febril...
Mi lengua, incapaz de confiarte su sed,
recorre los surcos tan conocidos.
Se llena de ellos.
Felino-herido en mi pecho llora sus penas;
su tristeza es litigio de rosa en vela.
Felino-herido aún sangra,
porque sabe al amor tan cerca que es lejos.
Una multitud señala a esa pobre criatura.
Con la frente baja y los caminos turbios,
Felino-herido se hace a mi pecho.
Vaya suerte la de este triste ser y su templo...
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