Fomentando ese pequeño desamor que me respira el cuerpo;
la bestia de hojas secas sucumbe al fin
ante un tibio soplo de viento.
Y en ese instante me detuve...
Bien sabía debía moverme al son del mundo,
y aún así no lo hice.
Fascinado no lograba explicarme la ilógica fuerza
que coronaban a unos ojos tan tristes como aquellos...
No hay comentarios:
Publicar un comentario