30 sept 2010

Ingratitud y salvedad.

Consumo libros chorreantes...
Mi lengua destila su tinta,
la retiene.

- Mis ojos se ahogan en claridad. -

Muy adentro mío, algo asqueroso se retuerce.
- El dolor quizás... -
Ha de ser la luz pálida de sanatorio que enferma mis entrañas.

La multitud contempla extasiada las odiosas cadenas que me sujetan a la realidad,
- Huelen a sacrificio, a carne quemada en altares paganos;
y tal vez lo sean sin saberlo... -

Mis labios quebrados les sonríen ante esa idea,
y aquellos, asqueados, comprenden que algo anda mal...

- Temen lo que no pueden explicar. -

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