La sangre de aquel desconocido
tan repleta de ira contenida,
fue coloreando en círculos espesos
la vereda;
y dispuso sin saberlo
que la sangre de mis entrañas
(colmadas de un asco generalizado),
lo salpicara a usted,
mi estimado lector,
en estas acotadas palabras...
Después de nuestra charla de hoy, comprendo mejor este texto Anita.
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