Y es el temor a no reconocerme en mis formas, mis manías...
El olvidar cuanto te entristece que te den la espalda en la cama,
y que usás dos cucharitas de azúcar en el té.
La forma en que dejás un breve instante reposar el saquito,
haciendo que el agua apenas se tiña de color caramelo,
y el hielo que le da la temperatura justa;
o al menos así solías decir.
El orden metódico de las cosas que circundan tus exigencias.
El modo en que caminás en puntas de pie, como revotando suavemente, una vez cada tanto;
y rubor que desprenden de tus mejillas cuando contemplan tu desnudés.
Las cajas de recuerdos y el gusto a miel.
La sed de correspondencia mezclada con la sutil locura que destilás toda vos, tu presencia.
El cariño que regalás por necesidad.
La afición por el aprendizaje a través del arte,
sin subestimar tu frustración constante.
A veces tengo miedo de olvidarte,
miedo de olvidarme...
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