7 ago 2010

Parada intermedia.

Efímeros cantares desnudan mi alma frente a un espejo sagrado,
contemplo el frío, lo comprendo con amargura...


La ausencia del un reflejo se fragmenta en colores,
me dispongo a colocarlos en su sitio y se resisten,
se vuelven líquidos y transpasan la tierra dándole sus colores.

- Parecen estar mejor en donde están. -




Abrumado por la impersonalidad de este sitio,
mi hambre se torna animal.

Me acerco en silencio, me agasapo,
espero un breve instante el momento propicio
y ataco a mi presa sin éxito.




Al llorar mi locura a orillas del lago, un cisne,
acaso el mismo que yo depredaba, se acerca a mi encuentro.

Mi hambre había desaparecido.


- Siendo yo, no soy nadie. Y siendo otro no puedo controlarme. -


El noble animal comprendiendo mi dolor,
me escoltó hasta el centro del lago,
que parecía ser de onix líquido.

Y volví a ser yo, escribiendo;
la pálida fragilidad de una pluma en el viento...

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