Efímeros cantares desnudan mi alma frente a un espejo sagrado,
contemplo el frío, lo comprendo con amargura...
La ausencia del un reflejo se fragmenta en colores,
me dispongo a colocarlos en su sitio y se resisten,
se vuelven líquidos y transpasan la tierra dándole sus colores.
- Parecen estar mejor en donde están. -
Abrumado por la impersonalidad de este sitio,
mi hambre se torna animal.
Me acerco en silencio, me agasapo,
espero un breve instante el momento propicio
y ataco a mi presa sin éxito.
Al llorar mi locura a orillas del lago, un cisne,
acaso el mismo que yo depredaba, se acerca a mi encuentro.
Mi hambre había desaparecido.
- Siendo yo, no soy nadie. Y siendo otro no puedo controlarme. -
El noble animal comprendiendo mi dolor,
me escoltó hasta el centro del lago,
que parecía ser de onix líquido.
Y volví a ser yo, escribiendo;
la pálida fragilidad de una pluma en el viento...
No hay comentarios:
Publicar un comentario