28 jul 2010

Comunidad.

Me siento en la plaza y los muros del invernadero abandonan su opresión en mi necesidad de sentir un instante las caricias del sol de invierno.
Contemplo a las hormigas desfilando con pulcritud. A una de ellas le cuesta llevar a cuestas una ramita, entonces la corto para ella y se la devuelvo. En su desconfianza, demora un instante, luego se hace con ella y se une al resto.
''Odio esa palabra que circula con tanta frecuencia ahora'', pienso... Y luego ''funcional'' se me viene a la mente.
Respiro profundo y contemplo lo anónimo de su existencia, su exclavitud, su diminuta presencia.
- Ya me siento menos solo que ayer, pero no menos triste. -
El cielo desprende de sí una lágrima, y luego otra hasta colmar la plaza de un sonido precioso.
Las lágrimas se arremolinan, se precipitan y sustentan pequeñas e insignificantes existencias de rutinas monótonas, reglas inútiles y un fuerte sentido de impersonalidad, sin el cual todo es caos.
Me siento estúpido así, solo y mojado pasando frío.
Vuelvo a ningún sitio a secarme el pelo, tomar te y leer...

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