Tersas ondas surcan el aire de tonos suaves y dulces,
trayendo consigo los aromas de la infancia...
Una pálida estatua se despabila con torpeza,
mira sus pies extrañada,
mueve los brazos en el aire con solemne asombro,
y vuelve a su sitio ante la inminente llegada de la mañana.
Un caballero se desviste con calma,
y el aire se torna más denso,
cargado de un peculiar aroma a colonia.
La estatua baja de su pedestal y lo contempla dormir.
Sonríe, besa su mejilla y danza en silencio.
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